La Coruña precisa un empujón colectivo.

Sobre la necesidad de buscar, aún más, nuevas posibilidades y emprendedores en nuestro territorio, para, volver a ser los referentes económicos, pero también demográficos del NO peninsular.

Hace décadas que estábamos ufanos, cuando leíamos los datos de población y comprobábamos, como era el área metropolitana de Galicia que más crecía, debido a la inmigración principalmente. Ahora, la fuerza demográfica se estancó. Y no es solo que nuestro crecimiento vegetativo sea negativo, que hace mucho tiempo que lo es, es que ya no atraemos inmigrantes suficientes para compensar el balance natural negativo y la salida de una parte considerable de nuestra población, que marcha en búsqueda de oportunidades que aquí no encuentran. La Coruña y su área metropolitana son muy dinámicas económicamente pero demográficamente el crecimiento es lento, como también le ocurre al mercado laboral. Y esto, que también sucede en el área metropolitana de Vigo y en el resto de las ciudades gallegas, es muy importante porque indica que nuestros motores están perdiendo fuerza, y, especialmente, que nuestros jóvenes tienen que marchar como en otros tiempos ocurrió.

  Los datos nos dicen  que en la ciudad residen algunos de los más acaudalados ciudadanos españoles, que Inditex ha adquirido tanta importancia, que se ha configurado como la principal fuerza que alimenta nuestro sistema metropolitano, que aquí la tercera generación de empresarios locales siguen manteniendo e incluso acrecentado los negocios heredados, que muchos jóvenes emprendedores se esfuerzan en poner en marcha iniciativas innovadoras. Todo eso ocurre, y hemos de saber que somos la ciudad más innovadora y más creativa de Galicia y una de las principales de España en muchas actividadesBasta dar una vuelta por ciudades españolas de tamaño medio y aun mayor, para darse cuenta que si en el urbanismo o en la movilidad estamos muy mal, en lo que concierne a nuevos negocios, a empresas de diseño y tecnología, a industrias creativas, somos un referente.  La oferta de ocio y de comercio que se ve en nuestros distritos centrarles no tiene parangón en otras ciudades españolas en número, calidad, diseño, refinamiento e innovación. Hace poco Ágata Ruiz de la Prada decía que para seguir la tendencia es preciso pasar una o dos veces al año por La Coruña. Todo eso, y más, son así, pero no es suficiente para impulsar el crecimiento demográfico y atraer nuevos residentes.

La ciudad -si quiere actuar como ese motor que Galicia necesita- tiene que poner en marcha una acción esforzada y estratégica de cooperación entre grandes empresas e instituciones para captar inversores de fuera. También, ellas tienen una responsabilidad corporativa con el entorno que no siempre ejercen. Por otro lado, las instituciones políticas supramunicipales deben trascender a sus intereses de partido y trabajar por el bien de su territorio tributario, y las empresas han de saber que la calidad de ese entorno favorece también su posicionamiento internacional.  Y el gobierno local, tiene que darse cuenta que además de los problemas sociales, de los problemas de sostenibilidad y de los problemas derivados de la creciente desigualdad tiene que poner en marcha políticas de promoción económica y favorecer a los inversores que sean capaces de crear empleo, evitando actuaciones  como el retraso injustificado de las licencias, el malogrado intento de adelanto del IBI, la resistencia a cofinanciar grandes eventos que traen dinero a nuestros pequeños empresarios, la actitud hacia los promotores inmobiliarios, y cosas por el estilo. Es preciso, pensar menos en compromisos políticos de gobierno o de partido, en compromisos ideológicos de grupo y en compromisos personales de intereses, y pensar más en las necesidades de desarrollo económico. Hace falta para ello, un pacto de convergencia para impulsar el área metropolitana, que en la actualidad, ya pasa de veinte municipios. Y si de ese pacto surgiera una nueva entidad metropolitana orientada, no solo a la gestión de los servicios públicos conjuntos, sino a la planificación y promoción de los recursos locales, mucho mejor.

No olvidemos que las posibilidades del entorno son mucho más de lo que nos parece a simple vista.  Basta un dato: los polígonos de A Grela-Bens (La Estrella y Repsol), Sabón (Inditex) y Piadela (Gadis) tienen al menos una empresa con más de mil puestos de trabajo directos o indirectos. Y probablemente en Alvedro, en Bergondo y en Espíritu Santo hay empresas que si no superan ese límite se acercan. Y en la propia ciudad también hay empresas de grandes dimensiones del sector servicios (Abanca), además de la Autoridad Portuaria, que sigue siendo un pilar de nuestra economía. Sin duda, una situación excelente para una ciudad metropolitana que no sobrepasa el medio millón de habitantes.

Pero así como lo anterior es verdad, también lo es que en el sector servicios antes teníamos unas entidades financieras que empujaban. Ahora, Abanca ha reducido su compromiso social y cultural con el entorno; mientras Afundacion mira más hacia Vigo y Oporto que a La Coruña. Menos aún, el Banco Pastor que no es ya más que una marca filial de un banco nacional, y su Fundación ha perdido gran parte de su capacidad inversora, comprometida fuertemente con la recuperación del patrimonio compostelano. La ciudad se va quedado sin sus grandes promotores privados, y como resultado ahí tenemos la desaparición de una de nuestras principales marcas internacionales como la del Festival Mozart, o las dificultades para mantener nuestra tradición operística. También se ha deshecho el lobby que en otros tiempos tanto defendió los intereses de la ciudad. Por si fuera poco, la ciudad se quedó sin liderazgo desde hace tiempo. Todos recordamos hechos muy negativos que podrían haberse evitado. El más lejano en el tiempo, fue el trauma de la deslocalización de Fenosa, y como la gran política frustró su recuperación posterior; mejor recordamos aún, como la misma gran política nos dejó sin la antigua caja de ahorros, cuando estaba en vía de convertirse en un proyecto bancario bien enfocado y comprometido con el entorno. El intento se saldó con destacados empresarios que apostaban por Galicia y por La Coruña y que se quedaron sin sus fondos. Acabamos de ver como se perdió una empresa de las nuevas y que era estratégica, me refiero a R de comunicaciones, y estamos viendo como la política tarifaria energética está cerrando poco a poco la planta de aluminio siguiendo la pauta marcada por el anterior cierre de una planta trasformadora en Sabón. Nos quedamos sin capital financiero propio, nos quedamos sin parte del nuevo capital humano, nos quedamos sin políticos competentes en desarrollo urbano, y nos quedamos tan tranquilos, porque como vivimos bien y lo pasamos muy bien, no tenemos que preocuparnos. La Coruña es hoy una ciudad dinámica, creativa e innovadora, pero da muestras también, de ser un entorno apático y sin empuje en lo que concierne a la asociación estratégica empresa-ciudad, que tan buen resultado ha dado en muchas metrópolis. Sin ir más lejos, en Bilbao, en Barcelona, en Málaga.

   Una buena iniciativa podría ser la que recogía el plan pi, o plan de reindustrialización de la Coruña que, ahora debería ser retomado cuando la tendencia empieza a mejorar. Pero no hay quien tome el relevo, porque falta una entidad especializada orientada a la promoción de nuevas inversiones productivas en la ciudad. La Oficina de Promoción Industrial que apuntaba el plan, como recientemente se recordó  en el quinto debate del foro Metropolitano titulado “Reinventar la Ciudad Metropolitana del siglo XXI” y que, con éxito, promueve esta asociación que me digno en liderar, era una buen iniciativa; pero, no habría que quedarse en lo industrial, hace falta un ente de promoción de la ciudad metropolitana con un enfoque integral, porque nuestras posibilidades están bastante diversificadas y porque una oferta integrada siempre es más atractiva para inversores de fuera. De un modo u otro el tema debe ser abordado en algún momento. Los mimbres están, solo falta la urdimbre y la decisión final. Y eso significa. Planificación, Cooperación Estratégica empresa-ciudad, gestión proactiva y liderazgo. Pero, ¡qué lejos vemos que esos deseos puedan ser realidad a corto plazo!

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