Así puede ser La Coruña del 2023

DEBATE VIRTUAL: DESPUÉS DE LA PESADILLA VIENE LA ILUSIÓN: UNA NUEVA CORUÑA SE DEJA VER.

LA CORUÑA DE 2023: DE LA CIUDAD OBJETIVA A LA CIUDAD PERCIBIDA.

Todo parece indicar que, tras los desoladores efectos del Covid 19, la recuperación de la economía local se producirá en torno al año 2023. También algunas obras significativas, iniciadas o previstas, tiene esa fecha como meta, como son por ejemplo la llegada del AVE a la nueva intermodal, los planes de reurbanización y peatonalización, e incluso la culminación de la rehabilitación de un edificio tan emblemático como el del antiguo Banco Pastor.  También esa era la fecha para la Ciudad de las Tics, pero ahora parece difícil. Sin embargo, en ese tiempo veremos otras cosas que ahora ni atisbamos, porque la profundidad de la crisis está acelerando los cambios en marcha, y nuevas tendencias van a instaurar una cambio de modelo.  Aunque los años trascurridos sean pocos, la profundidad de los cambios hará que la ciudad y el área metropolitana experimenten importantes transformaciones como consecuencia de los efectos del cambio.

Y esa visión anticipada, la abordaré con una doble perspectiva: la primera mediante la porrección en el tiempo de la situación actual, lo más objetiva posible; y la segunda, simulando una percepción subjetiva de la ciudad resultante de la crisis, utilizando como recurso literario   las impresiones de una coruñesa que tras estos años fuera, vuelve a la ciudad, atraída por las facilidades que la llegada del AVE le ofrece.

PRIMERA PARTE: UNA CIUDAD MÁS METROPOLITANA.

Dando un salto en el vacío, y asumiendo las incertidumbres, voy a hacer un ejercicio de anticipación, y me traslado al año de salida de la crisis económica para intentar adivinar o vislumbrar como podrá ser La Coruña y su Área Metropolitana en ese momento, sabiendo que se trata de una aproximación intuitiva, pero también lógica.  Para ello proyectaré a ese año las realizaciones en marcha, y aplicaré al espacio urbano y al perfil funcional, los cambios de tendencia que se insinúan. Así será La Coruña del 2023 tal como ahora la intuyo.

UNA CIUDAD RESILIENTE, PERO NO INDEMNE.

Me sitúo, para empezar, en un marco general donde la globalización empieza agrietarse en los términos planteados, y donde las alianzas empresariales directas y las redes reforzarán economías nacionales y locales. Además, y ya a nivel nacional, ciertas amenazas en el horizonte añaden nuevas incertidumbres. Y eso afectará, inevitablemente, a la economía urbana, aunque si se mantienen las previsiones actuales, la resistencia de las empresas locales nos pueden deparar una mejor salida, como siempre he sostenido, principalmente por el efecto Inditex; claro que tampoco nuestro gran motor quedará exento de incertidumbres, porque la pandemia está siendo progresiva y global y afecta a todos los mercados.  Es cierto que, a tenor de lo sucedido en la anterior crisis financiera, somos una ciudad resiliente, pero no somos una ciudad indemne a los efectos de esta crisis mundial.

Proyectando los efectos previsibles de la crisis a los diferentes sectores urbanos, expondré algunos de los cambios que parecen más probables. Este será, para mí, el marco en que se moverá la ciudad a la salida de la crisis.

  1. La caída de la economía española pasará una enorme factura a la ciudad, y dejará en el camino muchos proyectos, muchas iniciativas y muchas ilusiones, y con ello muchos empleos. Nuevas formas de fomento del emprendimiento estarán funcionando, entre ellas el Campus de la Universidad Intercontinental de Abanca; el plan de reindustrialización de la Cámara de Comercio estará ya terminado y con suerte habrá fijado estrategias para recuperar el peso industrial. Los nuevos desarrollos de suelo industrial trasladarán el dinamismo empresarial a una periferia metropolitana más extensa que la actual, con dos grandes ejes industriales: A Coruña-Carballo y A Coruña-Teixeiro.
  2. El rescate, o como se le quiera llamar, surgido de la Unión Europea, en el peor de los escenarios, habrá instaurado una nueva etapa de austeridad, un aumento de los salarios sociales y posiblemente una bajada de las pensiones, de los sueldos públicos y de los ingresos de la ya diezmada clase media en general. Y el paro, que es ahora la gran amenaza, empezará a normalizarse pero con un nuevo sistema de trabajo de tipo tecnológico, que dejara fuera muchos trabajadores. Eso se notará en la ciudad por el empobrecimiento de muchos barrios, por el aumento de la conflictividad y el riesgo social en algunas zonas, y por la demanda de nuevas inversiones sociales, que obligarán a un difícil equilibrio entre gasto social y la inversión pública para el desarrollo urbano. Eso hará que la diferencia socioeconómica entre los barrios, que ya es la mayor de Galicia, siga aumentando, y habrá una Coruña dual.
  3. La celebración de elecciones municipales podrá sumar más promesas de inversiones públicas a las muchas pendientes, pero la mayoría de las nuevas actuaciones serán las que ahora están proyectándose. De momento, con un gobierno local en minoría, con las cargas heredadas o sobrevenidas, no parece que Ayuntamiento pueda hacer grandes inversiones ni poner en marcha grandes proyectos, siendo la reurbanización y la movilidad las aportaciones principales. Una prolongación del modelo anterior pensado para una ciudad de andar por casa: a pie, en bicicleta o en patinete. Y el Gobierno Central, algo parecido, aunque algunas de las infraestructuras pendientes se habrá empezado al fin, como Alfonso Molina o el tren a Langosteira. La Xunta de Galicia parece que, a la vista de las inversiones en marcha, habrá mejorado su papel inversor con grandes proyectos, principalmente el inicio del nuevo hospital, la Ecociudad de Elviña, la vía ártabra, y otras obras. Será, de este modo, la administración pública que con más intensidad habrá contribuido a la creación de empleo público para reactivar la economía local y mejorar la ciudad. Un cambio importantes con respecto a tantos años de marginación inversora comparativa. Junto con las obras de reurbanización del gobierno local, muchas terminadas en 2023, y con la renovación de los servicios, La Coruña será probablemente, entre las mayores, la ciudad con un urbanismo más sostenible de Galicia.
  4. El teletrabajo se instaurará al mismo tiempo que la compra on-line, haciendo que ya no sea tan necesario desplazarse a trabajar y a comprar al centro de la ciudad. La accesibilidad en automóvil al centro será más difícil y costosa; y como seguirá sin resolverse del todo el transporte metropolitano, la compra on-line, las grandes superficies periféricas y la oferta del comercio local en las poblaciones metropolitanas, afectará al comercio del centro de la ciudad, pero más aún más al de los barrios, porque una parte de la población decidirá trasladar su residencia y otra tendrá menos poder adquisitivo. Tal vez la municipalización de los aparcamientos centrales, una vez caducada la concesión, haya contribuido a reducir este efecto. En todo caso la integración entre el centro urbano y la periferia metropolitana se incrementará y la continuidad expansiva del tejido urbano también. La “Nueva Ciudad Metropolitana” superará los 5000.000 habitantes.
  5. Veremos también como la caída de la capacidad de gasto redundará en el cierre de establecimientos comerciales y de ocio, con las consecuencias derivadas. Los bajos vacíos de muchos barrios de la ciudad tendrán que dedicarse a otros usos, entre ellos a viviendas, incluso a viviendas comunitarias para personas mayores. Con todo, el perfil de la ciudad como centro comercial, de servicios y de ocio seguirá manteniendo su primacía regional, e incluso incrementándola. También se consolidará como el primer destino de turismo urbano del Noroeste de España.
  6. Y veremos cómo algunas empresas que ahora se encuentran en situación difícil caerán. Otras nuevas crecerán y aparecerán iniciativas de nueva generación. La Ciudad de las Tics será el emblema físico de la nueva economía, pero no podrá estar terminada por los retrasos de la inversión del Estado. La Coruña se reforzará en Galicia, como centro empresarial y financiero, como polo de la nueva economía, como centro logístico, como referente en energías renovables y como un sistema productivo en transición hacia la industria verde.
  7. Los espacios naturales y los lugares preparados para el paseo y las actividades al aire libre se habrán multiplicado, con una oferta más variada que la actual, y harán a la ciudad más atractiva para vivir. En eso La Coruña está en una situación privilegiada. También los municipios metropolitanos habrán avanzado en este aspecto, haciendo que la calidad de vida en conjunto experimentara un fuerte impulso. Ya en la actualidad es el área urbana con mayor calidad de vida de Galicia, y en 2023 el saldo a favor aumentará. La Ciudad Central será una ciudad calmada y reverdecida, y la periferia metropolitana será mucho más ostensible, con un importante impulso a la economía de proximidad. La Reserva de la Biosfera habrá jugado un importante papel como incentivadora del desarrollo local endógeno.
  8. Del mismo modo, disminuirá el consumo de CO2, habrá menos contaminación, el reciclaje estará muy generalizado, y los hábitos del consumo masivo habrán empezado a cambiar en los segmentos acomodados a favor de la calidad y del consumo saludable. Lamentablemente los segmentos sociales desfavorecidos tendrán menos probabilidades de hacerlo, y por eso también en la calidad de vida, en la alimentación saludable, en el acceso a los bienes de calidad, habrá aumentando la brecha urbana. Todo eso influirá notable y en el perfil de La Coruña, en unos casos negativamente al aumentar los barrios desfavorecidos, y en otros positivamente, porque la ciudad, en conjunto, logrará mantener su empuje en la oferta de bines y servicios, y en particular en el ámbito gastronómico, visibilizando aún más su papel de capital de la Dieta Atlántica. Un valor turístico importante.
  9. Uno de los efectos menos favorables será lo relacionado con la descapitalización de las actividades culturales, ante la carencia de proyectos nuevos significativos, el abandono o decadencia de otros existentes, y, en general, por una política cultural de mantenimiento. Sera este uno de los indicadores más evidentes de las consecuencias de la crisis en la pérdida de proyección exterior de la ciudad y de su capacidad de innovación. Seguramente la recuperación y la valorización de nuestro patrimonio cultural, material e inmaterial, pasará a ser uno de los retos que la ciudad tenga planteados tras la salida de la crisis.
  10. En cambio, a pesar del poco tiempo transcurrido, las otras ciudades del área metropolitana presentarán una situación mucho mejor que la actual. Así, por ejemplo, el nuevo centro de Arteixo, renovado gracias a la Fundación de Amancio Ortega;  o el sector norte del Centro Histórico de Betanzos, por el programa Rexurbe de la Xunta de Galicia;  un  centro histórico de Cambre remodelado y valorizado, o el frente marítimo de Sada con una emblemática Terraza que, si no hay problemas, estará ya rehabilitada. A todo ello, es obligado añadir la reurbanización del centro de La Coruña y que, aunque sea con lentitud, sigue dando pasos para ser un exponente del urbanismo sostenible

Estos apuntes pueden servir para esbozar la Ciudad Metropolitana de 2023, que harán de ella una ciudad avanzada en urbanismo sostenible (salvo en la movilidad metropolitana que seguirá pendiente), y, que, aunque la transición será difícil, habrá demostrado ser, de nuevo, una ciudad resiliente, y que en términos comparativos, proyectará su peso como metrópoli económica de Galicia y del Noroeste Ibérico, conjuntamente con Bilbao y Oporto.

Hay otra conclusión importante: el peso de la periferia metropolitana en el conjunto aumentara.  Las causas: las grandes empresas, los principales polígonos industriales, los asentamientos residenciales más dinámicos, la población más joven y la mayor tasa de ocupación y de ingresos. También su potencial endógeno y su valor medioambiental se habrán visibilizado mejor. Como resultado, el municipio coruñés, habrá mantenido el crecimiento en tasa bajas, y habrá perdido peso poblacional y económico, pero se habrá especializado más como ciudad de servicios, principalmente en los financieros y en los tecnológicos y empresariales. Como contrapartida, estará más envejecida demográficamente, y con una mayor desigualdad social interna, por la formación de nuevas bolsas de pobreza urbana. Un proceso común a la mayoría de las áreas metropolitanas, y que se agranda en periodos de crisis. Por eso, la Ciudad Metropolitana en 2023 habrá superado bien la situación, pero será menos Central y más Metropolitana, a pesar de lo cual la cuestión de la gobernanza metropolitana seguirá sin resolverse, posiblemente por no haber acertado en la fórmula elegida por los políticos.

SEGUNDA PARTE. LA CIUDAD PERCIBIDA: DE VISITA EN EL AVE. 

En los párrafos que siguen, tal como anuncié, voy a hacer una sencilla simulación: describiré cómo será la imagen urbana de la ciudad que perciba una coruñesa que tras esos años de ausencia vuelva a la ciudad. Llegará en AVE, que en ese año, al fin funcionará, y lo hará en la nueva estación intermodal, que al fin también estará terminada. Al salir encontrará una plaza más abierta, más peatonal, más actualizada, donde, con suerte, un bus turístico le ofrecerá la posibilidad de hacer un recorrido por la ciudad. A ella no le hará falta, porque le espera un coruñés amigo para acompañarle en su coche. Y para explicarle los cambios.

POR UN ÁREA METROPOLITANA PUJANTE, PERO DESARTICULADA.

La coruñesa viajera empezará haciendo preguntas, como era de esperar.  Su interés está en saber cómo van los proyectos que estaban en marcha cuando estaba aquí.

Se extrañará de que aún no esté terminada la gran avenida de la nueva ciudad: Alfonso Molina. Esta será la respuesta: con la crisis de la pandemia la inversión del Gobierno Central, a pesar de los buenos anuncios iniciales, se ha ralentizado, pero al menos ya están en marcha las obras, tras ocho años de desacuerdos.

Al avanzar en su camino, verá con satisfacción que la Ciudad de las Tics, está también en marcha. Y verá un cartel de obras en el Puente del Pasaje. Más comentarios sobre los retrasos.  Y al llegar a Iñás, por una carretera mejorada, podrá tomar la nueva Vía Ártabra para conectar con la autopista. Su prolongación, al no estar construida, no le permitirá seguir hacia Arteixo, que es su destino, por la autovía ni por la tercera ronda, porque tampoco el vial 18 superó la fase de discusión, y el enlace alternativo por el aeropuerto seguirá olvidado: No le queda otro remedio que desandar lo andado y volver hasta San Cristóbal para dirigirse a su meta por la ruta de siempre. Tampoco la Cuarta Ronda estará disponible. Al llegar, le dirán que el eje industrial Coruña-Arteixo-Cerceda-Laracha-Carballo se ha fortalecido, y, además del nuevo polígono de Moras con naves en construcción, los otros han mejorado su equipamiento y se han reurbanizado. En su entorno verá nuevos desarrollos residenciales y un urbanismo mejorado dentro de lo que se podía esperar.

Después de una café frente a los nuevos edificios de la sede central de Inditex, transformada con gran acierto arquitectónico, y mirando a unos edificios de oficinas a punto de terminar, la coruñesa viajera querrá acercarse a Sada. Otra vez se verá obligada a volver sobre el mismo camino. Disfrutará con las panorámicas de la bahía desde la cornisa litoral de Oleiros, comprobará el desarrollo hotelero y residencial, y bordeando el campo de golf de Xaz, la llevarán por las mismas carreteras de siempre, porque seguirán siendo el único camino para llegar a Sada. La villa mariñana la recibirá más aseada, con La Terraza rehabilitada, o casi, con el parque litoral regenerado, con algunos adefesios eliminados, y con el mismo problema de siempre ¿qué hacemos con la playa?

Al retomar el viaje volverá a encontrarse con la belleza de los valles de As Mariñas, con un Betanzos rehabilitado en su caída hacia el río Mandeo, donde en un nuevo hotel de diseño tomará el aperitivo, antes de almorzar en un restaurante con cocina de proximidad y con marca Reserva de la Biosfera Mariñas-Mandeo.  Y le hablarán de la formación de un nuevo eje empresarial entre Bergondo-Piadela-Coirós-Teixeiro. Y verá como los valles de As Mariñas se habrán ordenado y mejorado, con nuevos proyectos, pequeños pero muy sostenibles, que habrán contribuido a la mejora el paisaje y a la creación de nuevos empleos de jóvenes comprometidos con el sector primario, para aprovisionar a los colegios y a la población con productos locales de calidad y una alimentación más saludable. Un dato que despertará su admiración.

Y, admirará también el dinamismo y la mejoría de un nueva área metropolitana, mucho más extensa que la de los diez municipios de la antigua mancomunidad que ella recordaba: Animada por ese dinamismo, se aventuró a sugerir una idea: ¿podemos ir en tren hasta Ferrol para contemplar las bellas panorámicas de la costa ártabra? Lamentablemente, y frunciendo el ceño, su acompañante le dijo que no era posible, porque ni el tramo había sido mejorado, ni las frecuencias aumentado, ni la opción del tren de cercanías estaba en la agenda política. Y se extrañó “porque en todas las otras ciudades españolas hay transporte metropolitano por ferrocarril”. Y, para no rebajar el entusiasmo que las inversiones en desarrollo local, que los proyectos empresariales y residenciales le habían producido, su amigo le hizo una contraoferta. “te voy a enseñar la ría de O Burgo regenerada”.

Y acertó, porque, aun cuando las obras seguían su  curso, el nuevo aspecto de la ría  y los nuevos usos lúdicos y deportivos le hicieron a la coruñesa, que era muy viajada, comparar la nueva Ciudad Metropolitana con una ciudad nórdica, aunque desarticulada por el  retraso de las inversiones en infraestructuras. Al fondo vieron una Coruña distinta, un poco más gris, y que había perdido su centralidad anterior a favor de la expansión metropolitana. Como ocurrió en todas las ciudades grandes. Y exclamó. “Es evidente; La Coruña es cada vez más metropolitana “. Su amigo le respondió: “Si, incluso los coruñeses se sienten más metropolitanos, pero siguen estando orgullosos de una Coruña mejor cuidada y más hermosa”. “No se trata de realidades incompatibles, al contrario son una misma realidad”.

¿Y LA VIDA CULTURAL?

En el camino de ida hacia el centro de la ciudad, surge un tema importante. La tradicional actividad cultural de la ciudad. La respuesta no puede ser otra. “ha decaído y perdido su proyección anterior”. Y le explica: con esfuerzo se mantienen las actividades pero siempre de tono menor. Los grandes proyectos se quedaron parados: de la opera poco más  queda que  el nombre del recinto; la música clásica se refugia en el consumo interno de un grupo social;   el festival Noroeste sigue en un segundo o tercer nivel; no hay ninguna actividad cultural que proyecte la ciudad hacia el exterior;  los museos artísticos e históricos  siguen en el limbo, empezando por el Museo de Bellas Artes, una magnífica colección que los coruñeses no valoran y que necesita espacio para mostrar sus fondos nuevos o no tanto; las colecciones privadas de Abanca y Jove son eso, privadas; el castillo de San Antón sigue siendo un almacén a pesar de quedar edificios vacíos;  en fin, se hacen cosas, se mantiene la cultura local, se potencian nuevos valores, pero todo con falta de ambición. Hasta el festival del cómics ha sido superado por otras ciudades, “y termina el comentario así:” Otras ciudades avanzaron, La Coruña se ensimismó y no supo mirar hacia fuera. Ni siquiera se aprovechó la oportunidad de acoger en la casa-museo el archivo de Picasso. Con eso ya queda dicho todo”. Claro que la ciudad seguía siendo hermosa, alegre y acogedora. Y los locales de programadores privados han recuperado su importante oferta anterior. La cultura promovida por el sector privado funciona, la pública se quedó en nada. Menos mal que surgió el Museo de la Cerveza, el Mega, una gran iniciativa. Hace tiempo que La Coruña no tiene valedores culturales, y los políticos se limitan a mantener lo de siempre: sus intereses. Las crisis han sido el pretexto.

POR UNA CIUDAD MÁS ABIERTA Y MÁS SOSTENIBLE, PERO SIN TRANVÍA.

Les quedaba poco tiempo para disfrutar de la ciudad, pero no importaba porque era allí donde la coruñesa visitante estaría unos días; pero, como no quería perderse las explicaciones de su amigo, le sugirió una cosa: “podemos tomar el tranvía turístico y sobre el recorrido me pones al día de los principales cambios”.

La respuesta fue determinante: “Entre todos, lo han eliminado y la ciudad se quedó sin uno de sus referentes icónicos”. La coruñesa visitante lamentó mucho esa decisión, y le pareció “una pérdida injustificable, no poder subir al tranvía para disfrutar de un paseo inigualable”. Cuando marchó ya no funcionaba, pero pasados unos años, como le habían hablado de una ciudad renovada, creyó que en esa recuperación estaría incluido el tranvía. No fue así, y convinieron los dos en afirmar que el problema era la falta de visión amplia de los sucesivos dirigentes de la ciudad, que, como en muchas otras, siguen instalados en el cortoplacismo y con la vista centrada en el día a día.  Se citaron las excepciones, entre ellas Bilbao, Málaga, San Sebastián, Valencia o Gijón.  Y yo, que también estaba presente en el debate, cuando me pidieron información sobre lo ocurrido, les contesté lo de siempre: “Efectivamente, fue una decisión muy desacertada, porque en su día llegó a estar entre los diez más pintorescos del mundo: un posicionamiento que ninguna ciudad desprecia”. Y añadí:” Era una oferta singular, perfectamente rentable si se gestionará bien, y muy atractiva. Ninguna ciudad que lo tuvo lo cerró.  La Coruña es la única ciudad del mundo donde un tranvía histórico de uso turístico se clausura”.

En todo caso, había que continuar y resolver el problema. Para tener una visión panorámica de la ciudad el bus turístico no servía, porque al no ser temporada alta y no haber cruceros en el puerto, las frecuencias eran escasas y el último ya había salido. Entonces hubo que seguir en el automóvil. Y surgió otro pero: “en las zonas emblemáticas el paso del coche estaba prohibido”. Decidieron tomar un taxi turístico. Yo les acompañé, para oír sus impresiones. Vieron el centro de la ciudad más peatonal, más verde, más limpia, más rehabilitado, más turístico, más ameno y con una oferta de ocio y cultura recuperada pero distinta y con pérdida de identidad. Con todo la reurbanización del centro fue- para ella- la cara más positiva que La Coruña de 2023 les mostró.

Para finalizar la visita subimos la monte de San Pedro, donde paseando surgieron algunos comentarios. Reproduciré los temas que hablaron: lo primero fue la incapacidad para gestionar la rehabilitación de la antigua prisión provincial. Rememoraron viejos ideas: el Museo Nacional de Faros y Señales Marítimas, el Centro de Interpretación de la Ciudad y de la Torre de Hércules, un centro cultural autogestionado, e incluso un parador de turismo. Después, al mirar hacia Bens, hablaron del Museo del Automóvil, del abandonado entorno de San Amaro, y –como no- de la recuperación del nuevo frente portuario. Y esa fue la respuesta de mi amigo: “la dejadez y la inoperancia junto con intereses encontrados y confrontaciones políticas, retrasaron el principal proyecto de la ciudad. Eso sí se gastó mucho dinero en papeles y proyectos dibujados”. Para compensar la decepción, se habló de los Nuevos Cantones, de la restauración de los jardines de Méndez Núñez, de la humanización de San Andrés y de la Plaza de Lugo. La coruñesa visitante ya tenía tarea para dar un paseo la mañana del día siguiente.

Al despedirnos comentó: “Me llamó mucho la atención el dinamismo y la trasformación del área metropolitana, pero me entristeció la falta de grandes proyectos para la ciudad y ver tantos bajos vacíos”. Los efectos de la crisis aún no se habían recuperado. Y añadió: “A mi parecer, la ciudad necesita un nuevo impulso, un impulso más ambicioso, un impulso creativo, porque hay muchos valores ocultos. De todos modos sigue siendo es una ciudad muy hermosa, mejor cuidada y con más lugares que visitar”. Y mi amigo respondió: “Si, pero una ciudad empobrecida, con mayores diferencias sociales y con grandes oportunidades desaprovechadas”.  Yo añadí: “Si, pero más sostenible”. Y dije “Yo veo, sobre todo, que La Coruña de 2023 es ya otra cosa: es una Ciudad Metropolitana; es más, cada vez es más metropolitana y menos “koruña”. Los dos asintieron. Como también advirtieron que, mirando la ciudad y su periferia como un todo, una vez más, se había comportado como una metrópoli resiliente. Era la metrópoli de Galicia. Como el título de aquel libro que yo mismo publiqué hacía más de 40 años: “La Coruña, una metrópoli regional”.

Y antes de despedirnos, nuestra amiga sentenció: “La Coruña está pasando por el siglo XXI sin acometer ese proyecto de gran ciudad al que debía aspirar”. Mi amigo apostilló: “para eso hace falta un fuerte liderazgo personal”. Y la coruñesa visitante emitió una queja. “¡qué lástima!» porque la nueva Coruña Metropolitana tiene todo a su favor para tener un proyecto como en su día hicieron Bilbao, Valencia y Málaga. No es cuestión de tamaño, solo de voluntad y ambición. Claro que como las nuevas elecciones están cerca, a lo mejor las circunstancias pueden favorecer un cambio de enfoque” Y con esa esperanza nos quedamos los tres. Y ahora que termino desvelaré un secreto: la coruñesa visitante era una alta ejecutiva de una corporación dedicada a la comunicación y al marketing turístico y que trabajaba con empresas internacionales. Por eso su visión traspasaba lo local. Y la mía también.

 

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