La Coruña se para

Sentado una de estas tardes del final del verano en el mirador del Parrote, hice un examen rápido de las grandes obras realizadas en la ciudad en los últimos quince años y me sorprendí al comprobar que desde la peatonalización de la Dársena- tan criticada entonces y tan valorada ahora- ninguna otra obra importante se terminó en la ciudad.

1.- Una etapa carente de actuaciones significativas: gasto frente a inversión.

La gestión municipal en estos años se centró, en el mandato anterior en pequeñas obras de mejora, acondicionamiento u ornato de los barrios , siendo lo más destacado la elaboración de informes, estudios, jornadas y proyectos que a la larga no tuvieron la eficacia esperada. El mandato actual arrancó con muy buenos propósitos y pronto se anunciaron importantes proyectos, muchos de ellos heredados del gobierno anterior sin cuyo concurso la gobernanza no hubiera sido posible. Hasta ahora solo dos obras pueden destacarse: la mejora y regeneración de los jardines de Méndez Núñez tras la erradicación del botellón, y el tímido inicio de la ronda peatonal que habrá de unir todos los barrios de la periferia interior. A ello habría que añadir el esfuerzo por la mejora de la limpieza de la ciudad, tarea ingente por el grado de abandono acumulado y que requiere un tiempo considerable, y también la activación de las licencias urbanísticas, de la rehabilitación y avances en planeamiento para encauzar las actuaciones pendientes. Una reactivación muy conveniente y necesaria. Sin embargo, la falta de capacidad para gestionarlas hizo que el Ayuntamiento renunciase a ayudas de la Xunta para rehabilitación. Increíble que esto pase. Y eso que anda sabemos de los fondos europeos cuyas obras se anunciaron, pero no se empezaron ¿también se perderán? Como contrapartida, muchos barrios, y ahora también el centro de la ciudad, están en mucho mejor estado de uso y presentación. La ciudad esta más limpia y cuidada.

El gobierno anterior se caracterizó por la multiplicidad de costosas jornadas y sesiones participativas que no lograron los resultados esperados y por la ineficacia en la gestión. No se hizo nada significativo más allá de un carril bici mal concebido. Este gobierno empezó con una encomiable disposición abierta al diálogo y a la colaboración entre las administraciones implicadas en la gestión de los grandes temas pendientes. Pero, salvo la celebración de reuniones de trabajo y puesta en común, hasta este momento, la ciudad apenas sumó acciones relevantes mientras otras sumaron. Los proyectos no se acaban y las inversiones no llegan. A cambio la colaboración por el bien de la ciudad fue sustituida por la confrontación política.

Cierto que tuvimos el Covid y que esta etapa fue para todas las ciudades difícil, pero las demás ciudades siguieron adelante y La Coruña se paró. Se apostó por el gasto del presupuesto en subvenciones de discutible eficacia en algunos casos, y redundantes con otras administraciones en otros. Se sustituyó la gestión por el gasto. No dudo de su eficacia electoral pero siempre hay que buscar un punto de equilibrio.

Otras ciudades siguieron el mismo camino, pero no dejaron de invertir en las grandes obras que en cada caso la ciudad requería. Pensemos en Vigo, cuyas obras menores son tan numerosas e importantes que me ocuparía un artículo completo enumerarlas, pero hay ocho grandes obras están transformado el centro de la ciudad y otros espacios emblemáticos, como el entorno de Samil. Solo llegar a la estación de Urzaiz ya nos hace ver que estamos en una gran ciudad. Y ahora ya piensan en utilizar la estación del puerto como terminal de trenes de cercanías. Pensemos también en Santiago que poco a poco va mejorando y sumando nuevos activos al desarrollo de la ciudad y aumentando su atractivo y calidad de vida. Allí las obras significativas pueden sumar al menos siete actuaciones, si bien es verdad que las inversiones cuentan con la participación activa de la Xunta de Galicia, pero también lo es que desde el principio fue dominante el clima de colaboración para proyectar e iniciar las obras alejándose de cualquier afán protagonista. Un modo de gestionar que se traduce en mayor inversión y mejor gestión. Este espíritu colaborador, contrasta con la continua confrontación del alcalde de Vigo, pero, debido a su fuerte liderazgo, consigue que en la práctica su victimismo localista fuerce a que la Xunta invierta en grandes obras y por encima fideliza el apoyo de los ciudadanos. En La Coruña la gestión se puede definir por un urbanismo superficial de “chapa y pintura” y el espíritu colaborador se fue perdiendo en el camino.

2.-En la fase final, la gestión municipal se complica y la ciudad se para.

Cuando Inés Rey tomó posesión de la alcaldía pensamos muchos que iba a traer una etapa de esplendor en la gestión de la ciudad. Seguramente ella pensaba lo mismo o parecido, porque aún no había tenido contacto con las múltiples complejidades del proceso administrativo, también porque pensaba que la relación con los otros partidos que le dieron la mayoría iba a ser más fácil, y mucho menos podía pensar el efecto tremendo de la pandemia en la marcha de la ciudad y en el gasto público. Pero al no tener mayoría en el pleno, tarde o temprano, las cosas iban a complicarse, más aún a medida que se avanza hacia las próximas convocatorias electorales. Y eso empieza verse ya.

En suma, sabíamos que en comparación con el gobierno anterior cualquier avance sería una buena noticia. Y así lo perciben los ciudadanos. Pero, después de un inicio positivo y brillante, marcado por el dialogo, la cooperación, el encuentro y la gobernanza, en la que los principales proyectos pendientes encontraron nuevos cauces de progreso, las cosas discurrieron hacia otros escenarios, donde le protagonismo político ha ido tomando fuerza en casi todas las actuaciones. La propia cuestión portuaria, que por su trascendencia debería haber suscitado acuerdos y consensos, se convirtió en un juego de protagonismo calculado que está complicando las cosas considerablemente. Menos mal que el entente entre Feijóo y Ábalos lo sacó del letargo en que estaba, pero poco duró .

Ahora, ya transcurridas la mitad de la legislatura, en amplios sectores de la ciudad empieza a extenderse la opinión que ninguno de los grandes proyectos anunciados en su día como grandes ejes del mandato se verán terminados al final de este. Incluso los mas fáciles de acometer, como el bulevar de san Andrés o la reforma de Los Cantones, se posponen ante la incapacidad de gestionarlos a tiempo. Y de la renovación del paseo marítimo nada se volvió a decir. Y eso es mala señal

Conclusión: A Coruña Metropolitana suma mientras La Coruña Ciudad resta y sigue a la espera.

La gestión municipal de la ciudad lleva años parada o a con marcha lenta. Hay muchos proyectos que están planteados desde más de diez años y siguen así. Al igual que al final de la legislatura anterior seguimos esperando por los planes inversores del Gobierno Central: tren a Langosteira, intermodal, puerto, accesos etc. Basta con mirar a otras ciudades cercanas para darnos cuenta de la escasa ambición y la pobre perspectiva en que se mueve la gestión municipal en nuestra ciudad. No es necesario mirar a las ciudades triunfadoras como Málaga, Cartagena, Valencia, o el propio Vigo. Con este estado de cosas es inevitable que no nos preguntemos: ¿Otra legislatura perdida? Habrá que acelerar los tiempos y los proyectos para poder evitarlo. Y ya queda poco tiempo.

No vaya a ser que al final la decisión más relevante sea la lastimosa idea de suprimir el tranvía turístico, emblema y atractivo icónico de aquella ciudad que fue. También en esto restamos. Nos salva la ambición y empuje de la empresa privada que es la que está dando fuerza a la ciudad metropolitana que somos, pero sin olvidar que las principales inversiones se hacen en los municipios de la periferia metropolitana, a donde también se va la población y donde surgen nuevos centros comerciales de ocio y de servicios. Al final, también en esto A Coruña Metropolitana suma y La Coruña Ciudad resta. Como diría mi amigo Rui, “ parece que está engripada”.

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